Los voluntarios ayudan a los refugiados a integrar y maximizar el potencial de sus comunidades locales en Guinea

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La protección de los derechos humanos de los refugiados forma parte integral del "espíritu de Rio". De la misma manera, ahora que las cuestiones en materia de medio ambiente y seguridad están cada vez más interconectadas, los esfuerzos emprendidos para conseguir un mundo más pacífico y estable ocupan un lugar fundamental en la ideología que subyace a la creación de un planeta sostenible.

 

Guinea es un país situado en África occidental, y comparte frontera con Sierra Leona, Côte d'Ivoire y Liberia; todos ellos se están recuperando todavía de conflictos que tuvieron lugar recientemente. Las guerras en África occidental han sido la causa del desplazamiento de más de medio millón de personas, y han creado alrededor de 149.000 refugiados. La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha estado trabajando en un proyecto con otros organismos de las Naciones Unidas y el Gobierno de Guinea, a fin de facilitar la integración de los refugiados en las comunidades con las que viven en Guinea. La eficacia de proyectos como éste ha mejorado gracias a la labor de los voluntarios.

 

José Katunda, un voluntario que trabaja en cuestiones relacionadas con la integración en la oficina del ACNUR en Nzerekore, afirma que "el deseo de obtener una recompensa o beneficio económico no es lo que les motiva. Lo que lo hace es mejorar la vida de las personas a las que asesoramos, un 70% de las cuales son mujeres. Nos sentimos orgullosos de todo lo que le hemos ofrecido a la región, ayudando a los refugiados a adaptarse a su nueva vida en Guinea; creemos, además, que hemos aportado mucho al país desde un punto de vista legal, económico y social, e incluso hemos conseguido que exista una mayor confianza entre la comunidad de acogida, el resto de los compañeros y los refugiados".

 

José nos explicó que, en Guinea, el objetivo que se persigue consiste en centrarse en soluciones a largo término; por ejemplo, a través de la integración de cerca 9.5000 refugiados de Liberia y Sierra Leona, además de otros 5.000 de Côte d'Ivoire, en la comunidad guineana de Nzerekore, donde ya han estado viviendo durante varios años. Los voluntarios buscaron en todo momento fomentar la autonomía de los refugiados, con el fin no sólo de ayudarles a conseguir una integración legal, social y económica completa en las comunidades locales, sino también de forjar asociaciones a largo plazo con los diferentes actores para el desarrollo. Para lograrlo, animaron a los refugiados a unirse a las comunidades locales y a participar en actividades para generar ingresos emprendidas conjuntamente por el ACNUR, el Gobierno de Guinea y ONG locales.

 

José es uno de los seis voluntarios de las Naciones Unidas que están trabajando en el proyecto. Juntos, transmiten su experiencia sobre numerosos campos, particularmente en materia de salud y nutrición; agricultura; protección; integración; gestión de bases de datos; e información público. Gracias al gran abanico de habilidades con las que cuentan, pueden asesorar y apoyar tanto a particulares como a comunidades enteras sobre cómo mejorar su bienestar general y, al mismo tiempo, gestionar el propio proyecto; así, permiten que el ACNUR pueda hacer un seguimiento del tipo de asistencia que necesitan determinados refugiados, y registrar toda la información pertinente.

 

Un buen ejemplo de ello es el trabajo de Keuwa Leon Doumun, el voluntario que se encarga de cuestiones relacionadas con la protección; Keuwa presta un apoyo clave para la integración local en Conakry de refugiados liberianos procedentes de zonas urbanas. A diario, se ocupa de determinar el estado de los refugiados y valorar en qué medida necesitan o necesitarán apoyo en asuntos relacionados con la protección. Como resultado de estas contribuciones, en Conakry, de las 142 familias que se integraron con éxito en sus comunidades, 42 ya han solicitado préstamos al ACNUR y Yetemali (una institución microfinanciera) para invertir en actividades que generan ingresos. Ello ha permitido a los refugiados poder abrir cuentas bancarias y buscar otras fuentes de financiación para ampliar sus actividades empresariales. El potencial de autosuficiencia que suponen estas acciones contribuye a acelerar el ritmo de integración de los refugiados en su nueva comunidad, así como los aportes que aquéllos pueden realizar a esta última.

 

Otro ejemplo digno de destacar en Conakry es el trabajo realizado por el voluntario que se ocupa de la gestión de bases de datos, Mohamed Doumbia, que ha desempeñado un papel crucial en el desarrollo y mantenimiento de la base de datos de refugiados del ACNUR. Además, ha formado a miembros del personal del ACNUR, así como a sus homólogos en el gobierno, sobre las técnicas de registro y seguimiento. Ello ha contribuido a que, ahora, el ACNUR pueda generar datos estadísticos sobre todas sus operaciones en el país y, por ende, conozca cuáles están siendo eficaces, y dónde necesitan invertir sus recursos.

 

En definitiva, los esfuerzos realizados por los seis voluntarios no sólo cuentan para los refugiados, sino también para las comunidades de Guinea que los han acogido. José nos contó que ahora el derecho legal de trabajar es ya una garantía para los refugiados; sin embargo, el principal reto con el que se encuentran en estas regiones es que, incluso antes de que llegan los refugiados, no hay suficientes puestos de trabajo para los guineanos que viven en esas comunidades. Esto último implica, por un lado, que crear medios de subsistencia viables continúa representando una preocupación para el ACNUR y sus asociados, y por otro, que la formación, el apoyo agrícola y las actividades para la generación de ingresos que se ofrecen a los refugiados no sólo mejora sus vidas, si no que, al desarrollar la comunidad, también mejora la vida del resto de sus miembros.

 

Además, los voluntarios comparten sus habilidades y su conocimiento ofreciendo directamente su apoyo a los guineanos de la comunidad. José nos explicó que, "por ejemplo, gracias a este proyecto, unas 1.640 familias de refugiados y de la comunidad de acogida trabajaron conjuntamente para cultivar más de 1.500 hectáreas de arroz y maíz. De la misma manera, 24 grupos de guineanos y refugiados recibieron apoyo para la realización de otras actividades de subsistencia, incluida la creación de dos estanques piscícolas.

 

El proyecto continúa activo, y el impacto de los voluntarios sigue haciéndose notar, tanto en la vida de los refugiados como en la de los guineanos de las comunidades de acogida.

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